Sobre el secretismo

Secretismo

Sobre el secretismo que envuelve las células, nos llega esta reflexión:

Danza de los Ñáñigos. No sé. No sé llorar. No sé. No sé reír. No sé. Las puertas se me cierran. No sé. No sé vivir. Un despertar sin sol es mi mañana. Si tú, si tú no estás.

Tal vez sorprenda iniciar un artículo de esta naturaleza con la letra de una canción, sin embargo, la transcripción de este son del grupo Irakere, es porque hace alusión a una sociedad secreta, los ñáñigos, formada por negros cubanos en el siglo XIX, algunos la definen como la francmasonería africana, cuyas tradiciones se conservan en Cuba; con lo anterior, pretendo mostrar cómo las sociedades secretas, a veces sin advertirlo, forman parte de la vida de muchos pueblos.


En el caso de las comunidades primitivas, representan, en muchas ocasiones, el medio por el cual se realizan los rituales que convertirán a los varones jóvenes en hombres adultos.


Por su lado, en las sociedades más desarrolladas, son los espacios donde los individuos fortalecen su sentido de identidad, realizan acciones de muy diversa índole y con múltiples fines.


EL SECRETO


Un secreto es esa información, ese saber o ser (en el sentido de identidad) que se evita sea conocido, divulgado y/o compartido por otros. Es un concepto social. Una persona no puede tener un secreto, a menos que existan otras personas a quienes ocultárselo. Un secreto puede ser, a la vez, un instrumento de poder sobre otros y de cohesión dentro de un grupo (dos o más individuos), por ello es tan apreciado a lo largo de la historia y en todos los ámbitos.


MacKenzie afirma que el secreto es una condición para el desarrollo del sentido de autoafirmación del individuo. Si viviésemos en un medio sano y estable, las necesidades de ocultar algo serían mínimas. El secreto viene a ser un mecanismo de defensa. Así, se afirma que un individuo neurótico es una personalidad deformada por un conjunto de secretos reprimidos, de los que hace mucho tiempo que no es consciente, pero que condicionan su actuación exterior en la vida diaria, es decir, el secreto también puede caer dentro de las patologías que trata la ciencia médica.


En las ciencias sociales, el secreto, sin embargo, ha sido relativamente poco analizado. Hasta la fecha y a casi cien años de su publicación “La Sociología del Secreto y de las Sociedades Secretas” del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel, iniciador del relativismo formal en el campo sociológico, sigue siendo la principal fuente para la comprensión del tema. Para Simmel no basta estudiar la sociedad institucionalizada, es decir, cristalizada y fijada en unidades, sino que es preciso analizar también los procesos mínimos moleculares, la sociedad en estado naciente, los vínculos y lazos entre individuos que van y vienen constantemente, que se anudan, se desatan y tornan a anudarse en un ir y venir continuo . De ahí que Simmel realice estudios heterogéneos yuxtapuestos sobre diferentes problemas, la subordinación, la lucha, el pobre, el secreto.


El secreto ofrece la posibilidad de un segundo mundo colocado al costado del mundo evidente, nos afirma Simmel. En cierto sentido, es como una fantasía, hay una convergencia de verdad e ilusión. Cada relación entre dos o más individuos o grupos se caracterizará por el grado de secrecía que la envuelve.


Georg Simmel establece que la evolución de la sociedad en muchos sentidos está definida por el hecho de que lo que alguna vez fue público pasa a ser protegido por la secrecía y, a la inversa, lo que en un momento fue secreto deja de necesitar tal protección. Esto es análogo a la evolución de la mente, donde algunos movimientos que son ejecutados conscientemente pasan a ser mecánicamente inconscientes y lo que una vez fue inconsciente e instintivo pasa a ser consciente.


El secreto es una forma sociológica universal que, como tal, no tiene relación con la valoración moral de sus contenidos: puede abrigar los más altos valores, la filantropía es un ejemplo; o, por lo contrario, tenemos que ciertas conductas sexuales criminales en sí mismas reciben el rechazo social y, por ello, son mantenidas en secreto, el secreto también puede ser la expresión sociológica de una moral maliciosa.


El hombre tiene la necesidad de ocultar algo de su vida, de su actividad, el secreto hace posible una enorme ampliación de la actividad vital, pues muchos proyectos quedarían sin realizarse en caso de hacerlos públicos. El nivel de conocimiento interpersonal está en relación directa con la función que cumple la relación. Con el paso de los años, las relaciones humanas son cada vez más diferenciadas. En nuestro trato diario, el acceso a la información sobre nosotros, lo que como individuos comunicamos varía en los círculos familiares, de amigos, ámbitos de trabajo, etc. Es decir, el grado de intimidad ha cambiado con el tiempo, producto de esta diferenciación podemos afirmar que el hombre moderno tiene mucho más que ocultar que antaño. El secreto se ha convertido en una mercancía altamente apreciada. La posesión de algo no sólo despierta satisfacción, sino también el saber que él o ella y no los otros tiene la posesión, es decir, están excluidos.


En las sociedades preagrícolas, el secreto es un concepto casi enteramente ligado a sus concepciones religiosas y, por ende, algunos estudiosos de las religiones identifican una dificultad muy importante: el análisis o estudio lo hacemos con modos o instrumentos de pensamiento que, al mismo tiempo, son los que están determinando su desaparición. Tratamos de valorar con conceptos que representan construcciones elaboradas con las piedras de las ruinas que dejamos atrás.


Además, hay otros dos elementos básicos que las distinguen: la pequeña escala de estas sociedades, son familias, bandas; el segundo elemento, su tamaño pequeño, no permite la existencia de especialidades de tiempo completo, por lo que cualquiera puede actuar como intermediario frente a las fuerzas sobrenaturales.


En las comunidades primitivas, es muy poco de lo concerniente a la vida privada de las personas que puede ocultarse a los demás, dada la proximidad con que se vive. Sin embargo, los asuntos comunes se tratan, en su mayor parte, en secreto: misterios religiosos, la iniciación a la vida adulta, la intermediación entre lo humano y lo divino, incluso se establece una categoría social para los involucrados, sean hechiceros, brujos, sacerdotes o cualquier otra denominación que se les dé.


Para el caso de las sociedades modernas, las premisas del secreto son diferentes, incluso opuestas. Decrece el secreto sobre los asuntos colectivos y se amplía el de la intimidad individual. En el caso que nos ocupa sobre las celulas de abundacia el caso es paradójico pues personas revestidas de justícia social , igualdad y solidaridad esconden sus pretensiones bajo el influjo de una comunión de idiotas. Para Simmel, los individuos aprenden a ocultar sus emociones, sus creencias religiosas y sus opiniones políticas ante los demás. En cambio, se espera que todo aquello que afecta al conjunto de la sociedad sea del dominio público. Los modernos sacerdotes, es decir, los científicos nos revelan sus misterios para que esos conocimientos se integren al quehacer diario.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

no se lee nada gañan, publicar en color blanco, que lo ha shecho con typex

Marcial dijo...

Ay...

Esque esto del interné...